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22
Ene

“Buscamos una sonoridad muy estilizada”

Juan José Flores Nava

Banda Sinfónica del Estado de Sonora (5)

Tantas cosas buenas suceden durante el FAOT, que es inevitable que algunas pasen (casi) inadvertidas. Sí, desde luego, se anuncian en los programas, aparecen, incluso, de pasadita en la prensa, pero a veces hay que detenerse un poco más en ellas, en sus protagonistas o en sus historias. Más o menos esto es lo que sucedió con la Banda Sinfónica del Estado de Sonora, en la edición XXXVI del Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT).

Antes de su actuación, el viernes pasado, en el escenario de la Plaza de Armas del FAOT, la agrupación que dirige Renato Zupo llevaba el nombre de Banda de Música del Estado de Sonora. Desde aquella noche, en que celebró también 40 años de su fundación, oficialmente dejó de ser banda de música para convertirse en banda sinfónica. ¿Qué implica el cambio de nombre?

—Las exigencias serán mayores —dice, en entrevista, Renato Zupo—. Para empezar, porque ahora podremos ampliar nuestro repertorio, tocando piezas sinfónicas no sólo del periodo clásico, sino que también vamos a abordar obras del Romanticismo o del Barroco. Nuevos músicos están ingresando a la banda. Son personas muy preparadas, con muchos estudios, que ampliarán, sin duda, nuestras posibilidades sonoras. Para empezar porque ya tenemos todos los timbres, toda la cantidad de sonidos requeridos para ejecutar obras de Chaikovski, Mahler, Dvořák… Las sinfonías van a ser el pan nuestro de cada día.

Además, aunque el Callejón Velasco, en Hermosillo, ha sido la casa de la banda desde sus orígenes, lo que le ha permitido estar en contacto con un tipo de público que no se prepara para ir a una sala de conciertos, ahora estará tocando en otros foros como el Teatro de la Ciudad, festivales, dando conciertos didácticos y, eso sí, promete su director, seguirá viajando a los municipios del estado.

—Queremos darle voz y rostro a nuestros compositores mexicanos —dice Zupo—. Una de nuestras metas es armar una biblioteca con obras de compositores sonorenses y de otras partes del país, y, aquellas que tengan algo que mostrarnos, irlas ejecutando. Muchos compositores no quieren pegar en la radio ni ser famosos, simplemente quieren que su tema se conozca.

Banda Sinfónica del Estado de Sonora (2)

Ampliar posibilidades

La Banda de Música del Estado de Sonora tenía como propósito, al momento de su fundación, en 1980, difundir la música popular sonorense y estar presente en ceremonias oficiales, sobre todo en conmemoraciones cívicas y militares organizadas por instituciones y dependencias gubernamentales. De ahí que los primeros seis años la banda fue dirigida por el capitán Carlos Ramírez Paredes. Lo curioso es que desde el momento mismo de su fundación, Renato Zupo estaba cerca de la banda, pues sus hermanos fueron seleccionados para integrarla.

—Yo viví, desde sus inicios, el proceso de gestación de la banda —recuerda Renato Zupo—. En aquellos momentos tenía 11 años y me paseaba frente al salón de ensayos. Tres años después, ya me integré a la banda, con nombramiento y todo como trabajador del estado. Mi instrumento es el saxofón. Además de la música de rigor en los eventos cívico-militares, tocábamos obras de músicos sonorenses como Rodolfo Campodónico o Silvestre Rodríguez, el autor de la “La pilareña”. Ése fue el tipo de música que vivimos en aquellos tiempos.

Esto no significa que la Banda Sinfónica del Estado de Sonora dejará de lado, a partir de ahora, a los compositores sonorenses o a la música popular. Como ya se dijo, lo que se busca es ampliar sus posibilidades sonoras con música de autores populares de Sonora, pero también de otras partes de México y el mundo. Por eso mismo, durante su concierto del viernes pasado para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la banda, Renato Zupo y los músicos que dirige rindieron tributo a los grandes del jazz y el swing: Glenn Miller y Benny Goodman, por ejemplo, pero también Luis Arcaraz.

Banda Sinfónica del Estado de Sonora (3)

Música sinfónica

Sonora cuenta, desde 2003, con una orquesta sinfónica. Ahora que la banda se ha convertido en sinfónica, es pertinente que nos preguntemos cuáles son las diferencias entre la orquesta sinfónica y la banda sinfónica.

—Todo el poder sonoro y la estructura armónica está, en la Banda Sinfónica, en los instrumentos de aliento, primero, y en la percusión —explica Renato Zupo—. En la Orquesta Filarmónica el peso sonoro radica en las cuerdas: violines, violas, chelos y contrabajos.

—¿Cuál será la dotación musical de la Banda Sinfónica del Estado de Sonora?

—La banda se divide en tres secciones: percusiones, metales y maderas.
Tenemos tres flautas, seis clarinetes (que son como los violines), una línea de cinco saxofones, tres cornos (que pronto van a ser cuatro), cuatro trombones (que pronto van a ser cinco), cuatro trompetas (que esperemos lleguen a ser cinco), dos tubas (que pronto van a ser tres), dos eufonios [también llamados bombardinos], oboe, fagot, clarinete bajo y cuatro instrumentistas de percusiones: uno en la conga y el bombo, otro en la batería (también toca la tarola), uno más en los “teclados” (xilófono) y, por último, el de los timbales; viene un quinto, que va a tocar exclusivamente arpa. Tenemos cubierta, pues, toda la gama: los graves, los sonidos medios, los agudos y los más agudos aún. Por eso el nombre de sinfónica.

 

Sin piso, estamos volando

Por eso, también, la visión que Renato Zupo tiene de la Banda Sinfónica del Estado de Sonora es ambiciosa y busca integrar (aunque parezca raro decirlo) el presente, lo contemporáneo, a su oferta musical, al ir sumando en su programación música de compositores contemporáneos para banda como Frank Ticheli o Alfred Reed (un prolífico autor estadounidense fallecido en 2005). Renato Zupo no duda, pues, en reconocer que una de sus referencias es la Tokyo Kosei Wind Orchestra, acaso la mejor banda de su tipo en el mundo actualmente (seleccionada, por poner un caso, por los Estudios Ghibli del genio de la animación japonesa Hayao Miyazaki para musicalizar algunas de sus películas).

—Queremos —dice Zupo— que la banda no suene a la banda de siempre, clásica; buscamos una finura en el sonido, una exquisitez para el oído, una estética en todo lo que tocamos para que nos dé una sonoridad muy estilizada. Y bajo este paradigma poder tocar la “Obertura1812” de Chaikovski, la banda sonora de Star Wars de John Williams o, incluso, “El moro de Cumpas”.

—Permítame decirlo, maestro, pero esto que se proponer no es fácil…

—Para lograrlo hay que derribar un bloque mental con consignas como “si yo toco tuba, siempre debo tocar fuerte”. ¡No, no siempre! Yo quiero una banda sinfónica en la que cada timbre se escuche: todos son importantes. Lograrlo, como dices, no va a ser tan fácil. Es un gran reto.

—¿Cómo planea conseguirlo?

—Con horas de trabajo y capacitación… Más horas de trabajo y capacitación. La ventaja que tenemos ahora es que la nueva camada de músicos viene bien preparada y con muchos estudios.

—Pero eso también puede ser una desventaja, pues aunque lleguen bien estudiados, muchas veces los músicos sólo quieren tocar el repertorio que ya dominan, el que aprendieron en la escuela, el canon europeo de la música de concierto…

—Supongamos que el director quiere que la banda toque “La pilareña” y alguien dice: “No, no, yo toco a Mahler y a Chaikovski”. Lo que entonces hay que responder es: “Tranquilo, Silvestre Rodríguez es nuestro Chaikovski”. ¿Ves? Un día un chavo me dijo: “¿Qué voy a tocar aquí si son puras redonditas?”. Se refería a la nota más larga del compás de cuatro cuartos. A lo que le respondí: “Precisamente, lo que el autor te está diciendo aquí es que tú vas a ser mi soporte en toda la canción; tú eres mi cama, mi background; tú me vas a llevar a todas las melodías. Es una sola nota, por eso es mucho más importante. Tú eres como el piso y, si no hay piso, estamos volando; entonces tócame esa nota larguísima, las demás notas van a ir sobre ti, porque si no estás tú, no hay nada”. Ése es el tipo de banda que yo quiero. Una en la que se comprenda que cada uno de nosotros es igual de importante.