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28
Ene

El buen fin… del festival

Juan Arturo Brennan

La novena y última jornada de la edición 2017 del Festival Alfonso Ortiz Tirado en Álamos, Sonora, rindió buenas cuentas para la música y para el público. A mediodía, en el Templo, la joven soprano sonorense Ariadne Montijo presentó un recital con acompañamiento del piano de Andrés Sarre, caracterizado por una muy buena selección de repertorio y por interpretacionesAriadne Montijo templo (2) de nivel musical y expresivo suficiente como para corroborar la buena impresión que había dejado la noche anterior durante sus breves apariciones en el extraño recital del tenor inglés Paul Potts. Al inicio de su programa, Montijo marcó bien la diferencia de espíritu entre dos canciones francesas (Satie, Fauré), más de salón la primera, más de concierto la segunda, y como contraste entre ellas introdujo una lectura oscura y con la densidad adecuada de la canción Erinnerung de Mahler. En esa primera parte de su recital, Ariadne Montijo tuvo el tino de proponer variedad no sólo de estilos, sino también de idiomas, cantando en francés, alemán y ruso, para cerrar con una segunda mitad dedicada a canciones en castellano. Con buen sentido dramático, la soprano dio alas narrativas a la canción Gretchen am Spinnrade (‘Margarita ante la rueca’) de Schubert, y abordó con cuidado y sensibilidad una canción de Chaikovski. Es evidente que Ariadne Montijo tiene una voz con un centro sólido y bien asentado, lo que le permite bordar alrededor de él los finos hilos de estilo e intención de los diversos repertorios que interpreta, como los de este recital. De la segunda parte de su presentación, destacó en particular su interpretación, alternativamente luminosa y contemplativa, de piezas de Lecuona y Ginastera. Acaso, el paso de los años y la acumulación de experiencia le permitirán a Ariadne Montijo asumir con su muy atractiva voz las raíces populares de estos repertorios latinos, y darles un perfil expresivo más relajado, distinto al de la ópera y el Lied.

La parte clásica del FAOT 2017 cerró con un recital muy bien programado alrededor de diversas piezas de música religiosa, cantadOscar de la Torre (2)o por el tenor mexicano Oscar de la Torre, acompañado al piano por Sergio Vázquez. Si el motivo del recital fue la conmemoración de los 500 años de la reforma luterana protestante, los intérpretes hicieron gala de un saludable ecumenismo, incluyendo también piezas de raíz cabalmente católica. Organizado en una elegante cronología progresiva, el programa inició con Haydn, terminó con Bernal Jiménez, y fue coronado con la hermosaStändchen (‘Serenata’) de Franz Schubert. En las primeras piezas del programa, Oscar de la Torre estuvo incómodo por las condiciones ambientales que afectaron un poco su desempeño vocal; al avanzar la noche, las molestias fueron subsanad
as y su rendimiento vocal creció proporcionalmente. De interés especial, la inclusión de algunas piezas sacras de compositores operísticos (Rossini, Puccini), así como la presencia de música de diversas culturas y países. Sergio Vázquez acompañó el recital de manera precisa y discreta, superando la evidente complejidad de trabajar con arreglos de piezas que, con una única excepción (la pieza de Hugo Wolf), no fueron escritas originalmente para piano. Oscar de la Torre se preocupó y se ocupó de tejer un hilo estilístico cambiante, asumiendo sin temor, por ejemplo, las cualidades más dramáticas y menos contemplativas de las piezas de los compositores de ópera arriba mencionados. Fue interesante descubrir, en la voz de De la Torre, la inclusión de melodías del conocido
Adeste Fideles de John Francis Wade en el Gesú bambino de Pietro Yon. Con este iOsacr de la Torrenteresante y ciertamente serio recital de música sacra a una voz y piano, el FAOT hizo otra propuesta arriesgada que tuvo su recompensa en un público menos numeroso y extrovertido, pero también más atento y respetuoso, que el que asistió a Noches de Gala con programas más populares. En todo caso, aquellos a quienes pudiera haberles parecido un programa demasiado severo y ascético, solo tuvieron que caminar un centenar de metros para ir a escuchar la guapachosa oferta de Iztapalapa para el mundo, en la gran tocada de clausura de Los Ángeles Azules… suponiendo que la multitud les haya permitido el paso.