Noticias FAOT

Entérate de todo
27
Ene

El mundo rico, complejo, doloroso y aleccionador de un rostro

Rostros de la hiatoria (2)Juan José Flores Nava

11 hombres y mujeres observan. No se mueven. No hablan. Sólo miran. Sin embargo, sus rostros cuentan una historia, narran una forma especial de relacionarse con la naturaleza, con su comunidad, con el pasado. Son 11 retratos que expresan su presente, que nos obligan a reconocerlos y a reconocernos nosotros mismos en ellos. Son apenas 11 imágenes que representan a 11 de los 105 adultos mayores de los pueblos originarios de Sonora, que el fotógrafo sonorense Ricardo León ha capturado como parte del proyecto “Los rostros de la historia a la historia de los rostros”.

Este proyecto, que está integrado a la Ruta del Arte que ofrece el Festival Alfonso Ortiz Tirado 2020, en Álamos, pone el acento, como hemos dicho, en el rostro de cada individuo. Fue erigido bajo la tesis de que el rostro es, explica Ricardo León, “el elemento identitario que nos narra, de muchas extrañas maneras, historias mudas, el pasar del tiempo, las condiciones de vida, el intemperismo… y la nobleza de cada uno de ellos”.

—Usted, además de ser creador de esas imágenes, es también su observador ¿Qué le cuentan ahora, desde la imagen, esos rostros? —preguntamos a Ricardo León.

—Me cuentan lo que vi en persona: una gran nobleza y generosidad y un gran abandono y acoso. Son objeto de una guerra de extermino de baja intensidad que se lleva a cabo de múltiples maneras. Elegí adultos mayores porque representan a un grupo que está en franco proceso de desaparición, no sólo por la edad sino porque su valor cultural en términos de experiencia, conocimientos y entrega a su identidad y causas tiene pocos relevos.

—¿De qué manera un rostro puede contarnos tantas cosas como nos dice en su proyecto: condiciones de vida, pasado personal, la historia colectiva o comunitaria?

—Yo pongo los rostros y el lector, el observador, si lo consideramos así, habrá de interesarse por sus historias. Es una responsabilidad compartida. Recorrer tantas comunidades y conocer a tantas personas me produjo una experiencia muy intensa, compleja e intransferible. Quien tenga contacto con esta colección podrá adentrarse en un mundo muy rico, complejo, doloroso y aleccionador, siempre que haga su parte… interesándose.

—Las 11 imágenes que seleccionó para sumarse a la Ruta del Arte del FAOT fueron colocadas a un costado del Mercado de Artesanías, a la entrada de Álamos, en un foro reservado a mostrar la cultura de los pueblos originarios. ¿No le parece que en el contexto en el que está colocada su obra determina, orienta, sus posibilidades interpretativas?

—La colocación de una muestra pequeña (apenas introductoria de toda la colección) en ese lugar, responde a cuestiones más de logística, de control y probatorias de la realización del proyecto. No es el formato único de salida ni el mejor, pero cumple una función. Buscaremos otros, como la impresión de un libro, la exposición de estos materiales (todos) en las mismas comunidades en que se originaron, entre otras ideas. Incluso, este proyecto no culmina aquí. De nuestra cuenta y con el concurso de Alejandro Aguilar Zeleny, quien ha tenido a su cargo la antropología del proyecto, seguiremos en nuestro empeño de retratar a más hombres y mujeres mayores; habremos de retratar, además de los pueblos originarios, la diversidad del estado de Sonora desde otros puntos de vista, como los inmigrantes y sus descendientes, por ejemplo.

El criterio fotográfico que guió el proyecto, dice el músico, diseñador gráfico y fotógrafo Ricardo León, se ensayó y probó en estudio con modelos durante los meses previos y se configuró mediante el uso de un solo lente de largo focal fijo, un solo cuerpo de cámara, una sola fuente de iluminación y un solo fondo: negro. Así que mediante algunas técnicas fotográficas obtuvo ese entorno negro que define los rostros, pese a que mucho de ellos fueron capturados a plena luz del día, en exteriores, bajo el sol…

—Había que ser muy cuidadoso y reproducir esas condiciones en los entornos más variables que nos encontramos —explica—. El contraste está dado por la luz tangencial que revela el rostro, por su ángulo revela su textura y estructura sin tener que recurrir a una posproducción que lograra lo que no se logró durante la captura. Ninguna foto fue manipulada en ese sentido, aunque no tenga nada en contra de la manipulación fotográfica siempre que responda a una necesidad estética. En este caso, no hubo necesidad, los ajustes fueron mínimos y dirigidos a la normalización de los negros. Los rostros, como tales, no fueron tocados.