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24
Ene

Ernesto Ochoa y Luis Castillo, jóvenes talentos sonorenses en FAOT 2020

Ernesto Ochoa y Luis Castillo

Dr. Jesús David Camalich Landavzo

 

Llegó la sexta gala de la tarde. Hasta ahora y a esta hora del día, solamente hemos escuchado voces femeninas: dos sopranos y una mezzo-soprano, más tres recitales instrumentales, un cuarteto de cuerdas y dos recitales de piano. Es hasta esta sexta gala de la tarde, que la 36ª edición del Festival Internacional Alfonso Ortiz Tirado 2020 abre las puertas del Palacio Municipal de Álamos para recibir a dos jóvenes cantantes masculinos, que se están abriendo camino en este difícil y competitivo arte que es el canto lírico: el tenor Ernesto Ochoa y el barítono Luis Castillo, acompañados al piano por el maestro Héctor Acosta.

Quienes hemos seguido sus carreras desde que ingresaron a la Licenciatura en Música de la Universidad de Sonora, vemos con gran satisfacción los grandes logros que estos jóvenes y talentosos cantantes han obtenido hasta este momento de su incipiente carrera artística. Ambos con excelentes cualidades vocales en timbre, proyección, interpretación, color de voz, expresión escénica, entre otros talentos; una dedicación al estudio y una gran disciplina que los ha posicionado en el ambiente lírico estatal y, sabemos que pronto, en el nacional.

Será necesario analizar a cada cante por separado, donde iré comentando lo que ofrecieron en su tarde de gala del FAOT 2020. Realizaré la crítica de las voces agudas a las graves.

Ernesto Ochoa, tenor. Posee una voz de tenor lírico-ligero, más ligero que lírico, en especial por su edad. Su dominio técnico es muy bueno; posee un muy buen fraseo interpretativo, lo que le permite abordar una diversidad de roles, tanto de personajes para tenores líricos (como Rodolfo en La Bohème de Puccini) como de personajes para tenores ligeros (Nemorino en L’elisir d’amore de Donizetti). Su momento cúspide en el concierto fue la interpretación del aria “Che gélida manina” (qué mano tan fría) de la ópera La Bohème de Puccini. Esta conocidísima aria reta al intérprete a líneas melódicas muy largas, manteniendo siempre una continuidad tímbrica, expresiva y escénica. Ernesto supo dominar los retos que esta aria conlleva, incluso el famoso “do de pecho” que aparece hacia el final del aria. Esta nota la dio bien afinada, llegó a ella adecuadamente, aunque no la mantuvo mucho tiempo, sí lo suficiente para gozar de dicha aria. Algo que observamos en Ernesto fue en buena parte del programa, especialmente sus solo, con excepción de Bohème, se notaba que su voz estaba cansada, en ese punto medio entre el timbre y la voz ahogada, sin la brillantez que normalmente le conocemos. Pareciera que durante todo el programa se estuviera cuidando, para cantar a todo vapor el aria de La Bohème que ya referimos. Creemos que la voz le estaba cobrando factura de la carga de trabajo que significó para él estar en el II Taller de Ópera, haber cantado la ópera Gianni Schicchi, haber viajado a Puerto Peñasco (sede alterna FAOT) y después de su concierto hacer el viaje por carretera a Álamos (10 horas de camino). Al entrevistarlo verificamos que nuestra apreciación era correcta, sin que ello sea en detrimento del excelente concierto que ofreció.

Luis Castillo, barítono. Llamado en el mundo del canto lírico hermosillense como el “cantante de los veinte roles” debido a su versatilidad y que anda muy activo buscando involucrarse en cuanto espectáculo escénico-vocal se entera o es invitado a participar. Posee una hermosa voz de barítono lírico; algunos maestros dirías que es un tenor dramático con un registro excepcional que bien pudiera interpretar roles de tenor lírico, tenor dramático y barítono lírico, convirtiéndose en esas voces únicas. Además, su registro vocal es mucho más amplio que el requerido para el barítono, casi llegando a las notas agudas del tenor lírico. Esta excepcional voz se complementa con una habilidad única para escenificación, caracterización e interpretación de personajes desde los bufos hasta los serios, siendo los primeros donde considero que está su mayor éxito, sin demeritar lo que logra con los segundos. Su momento cúspide fue el aria “Ah! Per sempre io ti perdei” (¡Ah! Para siempre te perdí) de la ópera I Puritani de Bellini. De una manera excepcional, que sorprendió gratamente fue como abordó esta aria muy seria, de fraseo largo, que exige mantener una larga línea melódica con la misma calidad y color vocal, una profundidad emocional sumamente contenida, bien lograda y magistralmente comunicada al público que lo premió con un gran aplauso. Además de su belleza interpretativa, es necesario agregar que no puede haber mejor compañero de concierto, ya que utiliza todo su potencial y destreza en apoyar al compañero de tal manera que son los dos quienes destacan. Son muy contados los cantantes que poseen esta cualidad. Por ello, destacaremos solamente dos duetos, ya que se nos acaba el espacio y no es permitido que al crítico le gane lo emocional sobre la objetividad. El primero es “O Mimì, tu più non torni” (Oh Mimí, tú ya no regresas) de la ópera La Bohème de Puccini y el segundo es lo que hicieron en la canción La negra noche de Emilio Donato Uranga, que nos transportó a 1950, al ver la película del cine de oro mexicano “de dolor también se canta” donde este dueto es cantado por Don Pedro Vargas y Pedro Infante.

Ernesto Ochoa y Luis Castillo (2)Otro momento importante fue cuando interpretó la canción Ternura de Mario Ruiz Armengol. Su escenificación, mantener la línea melódica como música mexicana y no como cantante lírico que canta música mexicana fue muy bien lograda. La sorpresa de aprender a cantar la música mexicana de esta forma es grata y satisfactoria, ya que refleja su madurez y como la pone al servicio de la música, en especial del canto.

Se augura a ambos una excelente carrera artística; sabemos que pronto tendremos noticias de ambos talentos sonorenses del canto lírico.