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Ene

FAOT 2016 – 1

23 de enero 2016

Por: Juan Arturo Brennan

Cassandra Zoé VelascoLa noche del viernes 22, el escenario del Palacio Municipal de Álamos fue, como ya es tradición, sede de la primera noche de gala de la edición número 32 del Festival Alfonso Ortiz Tirado, el FAOT. El inicio del festival no podía haber sido más auspicioso: una cantante estelar, un pianista de primera, un repertorio muy bien elegido y balanceado, interpretaciones de alto nivel. La mezzosoprano mexicana Cassandra Zoé Velasco y el pianista Abdiel Vázquez, también mexicano, propusieron un programa titulado Liederabend (‘Noche de canciones’) que desde su planteamiento ya se antojaba atractivo. En la primera parte, canciones alemanas de la pluma de dos destacados compositores de ópera, Richard Wagner y Richard Strauss. En esta primera parte, Cassandra Zoé Velasco mostró las cualidades que la han convertido en una cantante de rápido ascenso en el ámbito operístico (y de la canción de concierto) internacional, dejando escuchar un hermoso timbre, un fraseo muy cuidado y, sobre todo, un registro grave muy rico y muy estable. Qué interesante, por otra parte, escuchar las canciones deCassandra Zoé Velasco (2)Strauss en la voz de una mezzosoprano en vez de las más usuales interpretaciones en voz de soprano. Después de Wagner y Strauss, la estética alemana dio paso a una visión más latina de la música, con sendos ciclos de canciones del francés Maurice Ravel y el catalán Xavier Montsalvatge. Para este repertorio, la cantante y el pianista aligeraron sus respectivas texturas para dar paso a interpretaciones que pusieron en valor los elementos latinos de las piezas elegidas: las Canciones de Madagascar de Ravel, y las Cinco canciones negras de Montsalvatge. Los intérpretes lograron este importante cambio de estilo, además, sin perder la profundidad de sus respectivas sonoridades y sin quitarle peso expresivo a las obras interpretadas. Especialmente atractiva, por ejemplo, la mórbida decadencia de las canciones de Ravel, en particular la tercera y última del ciclo, cantada con adecuada languidez por Cassandra Zoé Velasco. Muy interesante, también, el que los intérpretes hayan asumido un cierto elemento pícaro en las Canciones negras de Montsalvatge, y que la mezzosoprano haya transitado con elegancia y sutileza por ciertos giros melódicos y armónicos (quizá inesperados para el público) cercanos al blues. La estrecha complicidad de estos dos destacados intérpretes quedó de manifiesto también en el desparpajo y la enjundia con que abordaron la música fuera de programa, que consistió en un toque de zarzuela, género siempre muy bien recibido por el público del FAOT. En suma, un recital de primera por su repertorio inteligentemente elegido y combinado, por la inteligencia estilística y la calidad vocal de Cassandra Zoé Velasco, y por un acompañamiento impecable, respetuoso y a la vez participativo de Abdiel Vázquez.

Chritian Markle HirataAntes, por la tarde, las actividades musicales del 32 FAOT habían arrancado oficialmente con el primero de los tradicionales conciertos en el Templo de la Purísima Concepción. Se trató de un recital de piano a cargo de Christian Märkle Hirata, músico mexicano de precoz talento. El repertorio elegido por el intérprete fue ciertamente exigente: Bach, Clementi, Bartók, Chopin, Schumann y Schubert, es decir, un rico trayecto desde el barroco hasta la música moderna del siglo XX. A destacar, por ejemplo, que el joven pianista evitó el uso del pedal en Bach, como manda la práctica moderna, para permitir que el contrapunto fluyera límpido, sin resonancias espurias. De agradecerse, también, que haya ofrecido música de Muzio Clementi, un compositor de importancia en la historia del piano, pero cuya música se interpreta muy poco.Chritian Markle Hirata (2) Christian Märkle Hirata interpretó con ligereza de espíritu algunas de las Hojas de álbum de Robert Schumann, y resolvió bien la mayoría de los retos técnicos del que quizá es el más conocido de los Impromptus de Schubert. Demostró también un temprano sentido del estilo al ejecutar uno de los hermosos Nocturnos de Chopin y quizá lo más apreciable de su programa fue la ejecución de la breve Sonatina de Béla Bartók, llena de trazos populares y folklóricos, una obra en la que el pianista pareció sentirse particularmente cómodo. Cuando su comprensible preocupación por la exactitud y la precisión den paso a una mayor soltura que le permita que la música “cante”, será sin duda un pianista digno de ser observado y seguido. Porque Christian Märkle Hirata tiene solo trece años de edad, y vaya que para ser tan joven maneja con aplomo el repertorio, el estilo, el piano y al público. Es de admirarse que, a diferencia del ímpetu fogoso de tantos intérpretes jóvenes y talentosos, este pianista sabe darse tiempo y espacio, y sabe darle tiempo al tiempo y a la música. Ojalá no pierda esta cualidad.