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24
Ene

FAOT 2016 – 2

Por Juan Arturo Brennan

El tradicional recital de mediodía (dos de la tarde, en rIMG_7400ealidad) en el Templo de la Purísima Concepción en la segunda jornada del FAOT 2016 estuvo a cargo de la Coral Emiliana de Zubeldía, dirigida por Manuel Domínguez. De interés para el público y para la música, que en la agrupación hay tres músicos que fueron alumnos de la maestra española que le da nombre. El repertorio presentado se orientó más a lo popular, e incluyó solo unas cuantas obras de concierto, de la autoría de Marenzio y Arcadelt y, quizá, una de las más conocidas canciones del argentino Carlos Guastavino, (Se equivocó la paloma) cuya música se mueve entre lo popular y lo académico. Sin duda, el interés central del recital estuvo en los tres fragmentos de una Misa de la propia Emiliana de Zubeldía, compositora a cuya obra le hace falta divulgación y promoción, incluso aquí en Sonora. Se trata de una música sacra sencilla, transparente, de espíritu romántico con apenas algunas pinceladas de lo moderno. Por lo demás, la Coral Emiliana de Zubeldía se concentró en sones populares de Blanco, Farres, Capó, Romero, y hacia el final del recital abordó los entrañables Cantares de Joan Manuel Serrat sobre textos Antonio Machado, en un buen arreglo coral. De regalo, un poco de música de Ponce, A la orilla de un palmar. Con apenas diez voces, este coro se beneficiaría de la adición de algunos cantantes más, sobre todo en las cuerdas de tenor y bajo, para reforzar su registro grave. El coro trabaja con interés, entusiasmo y concentración, y le queda algún trabajo por hacer en asuntos de equilibrio de textura y de precisión en la afinación.

Guillermo Ruiz (6)Por la noche, después de la entrega protocolaria de los tres premios que este año otorga el FAOT (in memoriam a Emiliana de Zubeldía, al pianista Pedro Vega como Maestro Sonorense y al bajo-barítono Guillermo Ruiz con la Medalla Alfonso Ortiz Tirado 2016), éste último protagonizó un variado recital acompañado de la Orquesta Filarmónica de Sonora, dirigida por Joshua Bavaro. Desde Mozart hasta El hombre de La Mancha, Guillermo Ruiz transitó por muchos repertorios y muchos estilos, y en todos demostró las cualidades que lo hacen un muy destacado exponente de su doble tesitura en nuestro medio vocal. De inicio, Ruiz cantó con ligereza de espíritu tres roles mozartianos fundamentales, Fígaro, Leporello y Don Giovanni, dando a cada uno interesantes matices no sólo musicales sino también actorales. La primera parte de su recital concluyó con una robusta versión de la Canción del toreador de la ópera Carmen de Bizet. Para el complemento de su recital, Guillermo Ruiz hizo un recorrido por diversos autores que representaron, también, diversos estilos, lo que permitió calibrar su capacidad de transformarse como intérprete según la necesidad del momento. Especialmente destacada, por ejemplo, su inmersión en lo más profundo de su registro en las canciones Ol’ Man River (de Jerome Kern) y Despierta negro (de Pablo Sorozábal). También destacada, la picardía con la que cantó la conocida Negra consentida de Joaquín Pardavé, alcanzando un punto culminante del recital cGuillermo Ruiz (2)aon un sabroso uso del falsete en el huapango ranchero El mil amores de Cuco Sánchez. La última pieza de su recital fue esa gran canción/aria de El hombre de La Mancha que es El sueño imposible, que el bajo-barítono ofreció como un canto de esperanza para la humanidad, que es la verdadera esencia de esta canción. Sin duda, hubiera sido preferible que la cantara en inglés y no en castellano, pero al parecer esta fue una decisión/petición directa por parte del FAOT. En lo general, muy interesante escuchar un recital de bajo-barítono con un repertorio tan variado, y en lo particular, muy satisfactorio escucharlo con una voz tan redonda y completa y con un timbre tan atractivo como el de Guillermo Ruiz.