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24
Ene

FAOT 2020 – 8. Ojusson –Verania Luken – II Taller de Ópera Alfonso Ortiz Tirado 2020

Juan Arturo Brennan

OjusonEl concierto de mediodía en Palacio Municipal fue protagonizado en esta octava jornada del FAOT 2020 por la Orquesta Juvenil Sinfónica de Sonora, que se presentó bajo la batuta de Ilución Hernández. Dado el estado muy incipiente del desarrollo de la orquesta (que es un ensamble pequeño para una sinfónica), este concierto sirvió más que nada como experiencia escénica para sus jóvenes integrantes, así como para algunos solistas vocales e instrumentales a los que acompañaron.  Si bien es cierto que la tradición manda que las orquestas juveniles interpreten eso que se llama “arreglos facilitados”, sería prudente exigir que esos arreglos tengan una mínima calidad: esta tarde, los arreglos a sendas obras de Haydn y Bach resultaron francamente feos y poco atractivos. De la orquesta y su directora, poco hay que decir, salvo señalar que, en un primer y tentativo acercamiento como éste, fue posible detectar que la Orquesta Juvenil Sinfónica de Sonora tiene en sus filas a un par de trompetistas que tocan con convicción y un sonido de cierta solidez.

Verania LukenPoco después, den el Museo Costumbrista, se llevó a cabo una muy disfrutable sesión de jazz, con la voz de Verania Luken, Enrique Hülsz en la guitarra eléctrica, Federico Hülsz en el saxofón e Israel Cupich en el contrabajo. El repertorio estuvo formado principalmente por standards de diversas épocas, y las referencias no podían ser mejores: Fats Waller, Duke Ellington, Django Reinhardt y varios más, entre los que destacó el recuerdo de la reina, la más grande de todas, Billie Holliday. En cuanto a estilos y corrientes, esta buena sesión de jazz transitó de manera importante por el swing y por lo seminal, que es el blues, con algunas excursiones a manifestaciones jazzísticas más nuevas, y también más viejas, con algunas pinceladas de Dixieland aquí y allá. Durante la tocada, Verania Luken expresó una y otra vez su cercanía con el scat y su buena disposición para ejecutar este indispensable y siempre atractivo estilo de improvisación vocal que se vuelve casi instrumental.  Luken, los Hülsz y Cupich hicieron un jazz directo, claro, diáfano, sin tortuosidades  virtuosísticas inútiles, lo que dio como resultado una tarde de jazz muy  fluida y agradable.

II Taller de Ópera AOT (2)Por la noche, la penúltima noche de gala en el Palacio Municipal estuvo dedicada a una gala con los participantes en el II Taller de Ópera Alfonso Ortiz Tirado 2020,  con un numeroso contingente de diecisiete jóvenes cantantes, la Orquesta Filarmónica de Sonora y la dirección de Teresa Rodríguez. El extenso programa  estuvo dedicado fundamentalmente, como debe ser, a trozos operísticos, con un par de visitas al mundo de la opereta de Johann Strauss y de Franz Lehár. Como era de esperarse a estas alturas del FAOT 2020, varios de estos números ya habían aparecido en recitales anteriores del festival. De especial atractivo, además de las numerosas arias, fueron  los siete ensambles  incluidos en el programa, en el entendido de que se trata de piezas que permiten calibrar la capacidad de estos jóvenes cantores para trabajar en equipo. Al final de esta interesante y variopinta noche de ópera quedó la impresión de que los resultados generales de este taller fueron de mayor solidez que los del año pasado. Sería una labor titánica y extensa el desmenuzar en su integridad esta gala de ópera con los jóvenes talleristas, pero sí es posible señalar algunos aciertos puntuales. Por ejemplo, una buena versión de aria Hai gia vinta la causa de Las bodas de Fígaro de Mozart, a cargo del barítono Hugo Barba. Asimismo, una destacada interpretación de otro barítono, Tomás Castellanos, a la profunda, dramática, conmovedora aria Cortiggiani, vil razza dannata del Rigoletto de Verdi, en la que el cantante dejó ver también que es un actor con potencial de sobra. Hacia el fin del recital, Castellanos volvería a lucir en el dolorido dueto Madamigella Valéry de La Traviata de Verdi, junto a la soprano Lucero Quintero. La muy romántica aria Mon coeur s’ouvre á ta voix del Sansón y Dalila de Saint-Saëns recibió una rica y bien articulada versión a cargo de la mezzosoprano Estefanía Cano. Más tarde, se formó un bien ensamblado dueto formado por la soprano Damaris Lezama y la mezzosoprano Alejandra Gómez, para una redonda interpretación de Mira o Norma de la ópera Norma de Bellini. En un terceto de la opereta El murciélago de Strauss, se notó la mayor madurez de la voz de la soprano Ariadne Montijo; y el buen desempeño del bajo Augusto García fue redondeado por la participación coral de sus colegas en Le veau d’or del Fausto de Gounod. Y en el entendido de que un recital de este tipo sí da lugar para la expresión gozosa del canto, el sexteto Chi mi frena de la ópera Lucia di Lammermoor de Donizetti se convirtió en un ensamble a 17 voces, para regocijo de todos los presentes. Los puristas se rasgarán las vestiduras, pero yo digo: ¿por qué no? Al buen desarrollo y éxito de esta muy ilustrativa gala de jóvenes cantantes en formación contribuyó de manera decisiva la dirección concertadora (complementaria a dos arduas semanas de preparación) de Teresa Rodríguez, quien en estas cuestiones se las sabe, de todas, todas. Será muy interesante guardar en la memoria las enseñanzas de este taller y ponerlas frente a frente con las del taller del 2021. ¿Será posible, acaso, organizar una colecta pública entre melómanos sonorenses de corazón para dotar a la Filarmónica de Sonora de un arpa que le urge con toda urgencia?