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16
Ene

G r i m o r i o

Misael Sámano-Vargas

I

La piel, sin embargo, conmueve. Si logra mirarte a los ojos, te desnuda. Respira con violencia, mientras transitamos entre ella. Se ofrece a otros cuerpos, navegando sobre su poesía intrínseca. Te acaricia con sus uñas desiertas. Es como un animal vivo. Fáustica, mutable: soporte, signo y escondite.

Se emociona, se desvanece, es un laberinto de castillos de arena derretida, vaho de saliva seca. A veces, procrea. Entonces, se hace enjambre, rebaño, hato, parvada. Miríada de miradas, acércate y podrás observar la piel que se levanta, residual y silenciosa, arrinconada entre átomos y carne sin bordes.

Y así

    comienza

                      todo.

II

Así, el cuerpo-imagen-texto se erige como elemento, manifestación e incorporación recíproca en el mundo, que se irradia por todas partes en un flujo constante de significados, siendo la capa de la que construyen y a la que vuelven todas las lecturas del cuerpo. Esta construcción fluida de re-significados, donde el cuerpo es además palabra y mensaje, permite entender al cuerpo como el texto primigenio, original, leído desde una dimensión simbólica –y mutable, lo que se relaciona con los cuerpos en las fotografías, que cambian y se reinterpretan-.

Esto es Grimorio. La gramática visual de la piel, donde los poros se convierten en puntos, las miradas en pausas y los gestos son sonidos que acarician las bocas vacías.

III

Y entonces, la boca seca.

Cierra los ojos y verás colisiones humanas, cuerpos-dentro-de-cuerpos, seres en suspenso, el trémulo abrazo ficticio, besos de humo, imágenes-proceso, dialéctica tersa, afección, inspiración, palabras inventadas, un ser arrojado ahí, una textualidad hecha carne, letricidad.