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20
Ene

Ignacio Búrquez … tenor … ? (del amor al desamor)

Por Dr. Jesús David Camalich Landavazo

¿Cómo podemos describir lo que significa cantar ópera? ¿Cómo contrastar el nivel de desarrollo
técnico-vocal de un cantante de ópera en formación, contra un aficionado que gusta de cantar
ópera? La respuesta a estas interrogantes es muy complicada de escribir, ya que la riqueza del
idioma español no te ofrece las palabras necesarias para dar una crítica objetiva, pero que refleje
la correcta dimensión de lo que los artistas Ignacio Búrquez, tenor e Ilución Hernández, piano,
ofrecieron en el escenario del Palacio Municipal en la gala de la tarde, en su participación en el
Festival Alfonso Ortiz Tirado 2019.
Ambos artistas ofrecieron un concierto, que comprendió una serie de elementos para comentar,
pero es necesario que se realicen en forma separada, ya que en el programa se ejecutaron obras
para piano solo.
Iniciaré esta crítica con el tenor Ignacio Búrquez, quien ha estudiado canto (ópera) de manera
privada, mientras realiza sus estudios académicos en Monterrey y la Ciudad de México, y
actualmente (asumo que en su etapa profesional), en Hermosillo.
Se observa que hay una voz de tenor lírico-spinto, es decir, una voz grande, con cuerpo, pero no
con la oscuridad que implicaría ser un barítono; mantiene el registro del tenor spinto, ya que
alcanza las notas agudas, sin llegar al famoso “do de pecho”; la voz tiene un timbre y color
agradable, con una persona bien presentable, a la cual se le imprime una adecuada interpretación
y un aceptable fraseo de las líneas melódicas, y el texto que las arias y canciones exige.
Pero carece de la “brillantez” que otorga la colocación de la voz “enfrente”, es decir, en los
resonadores faciales, lugar que permite una emisión y proyección de la voz que define al cantante
de ópera, en contraste al aficionado que gusta de cantar ópera. Al tener una voz oscura, sin
brillantez, implica una colocación “hacia atrás”, como si se estuviera tragando la voz, lo que pone
al cantante en una muy delicada y peligrosa posición, donde está constantemente amenazado de
que la voz se quiebre, se descoloque totalmente, se baje de afinación y aparezcan los famosos
“gallos”.
En contraparte, cuando se cantan piezas muy conocidas y populares entre el público, se aprenden
las notas y el texto correctos, las frases se ejecutan aceptablemente y de alguna manera se
conecta con el público que reacciona de maneras imprevistas. En Sonora se tiene un público
altamente generoso, donde aquellas piezas muy conocidas son altamente agradecidas y
aplaudidas, hasta ovacionadas, independientemente si fueron bien o mal ejecutadas.
En relación a la maestra Ilución Hernández, se aprecia una sólida formación técnica, con una
agilidad, limpieza, fraseo y ataque muy interesante. Específicamente en el Estudio Revolucionario de
Federico Chopin, la pianista realizó una ejecución muy propia y, a la vez, cuestionable: lo hizo con
una mano izquierda muy pulcra, diáfana, clara y precisa, mientras que las líneas melódicas en la
mano derecha, aquellas en donde se establece el carácter “revolucionario”, específicamente por la
justeza rítmica, en ocasiones exagerada (según la interpretación) fueron omitidas, resultando en

una interpretación donde el carácter revolucionario es metafóricamente al tamaño de la letra en
que ha sido escrita al inicio de este párrafo.
Como acompañante, la maestra Ilución muestra un sello muy personal. Tradicionalmente, se habla
de dos tipos de acompañantes: 1) los “pulcros” que respetan la escritura de la partitura y son muy
cuidadosos al agregar aquellos elementos pianísticos que muestran el virtuosismo del ejecutante;
2) los “malabaristas” del piano, que es cuando se agregan constantemente, sobre la armonía
general de la pieza, elementos de virtuosismo pianístico, recordemos al pianista Raúl di Blasio muy
popular en los años noventa; algunos dirán que suplen la falta de interpretación por el virtuosismo
de la ejecución. La maestra Ilución, como acompañante, pertenece a esta segunda clasificación. El
gusto o aceptación de estos dos tipos de pianistas se dejará a la sensibilidad del público que asistió
a dicho concierto.
¿Por qué del amor al desamor? Porque este fue el concepto que curiosamente se observó durante
el programa del concierto. Después de una canción donde se habla del amor, del romanticismo
hacia algo o alguien, ofrecieron una pieza con un sentimiento totalmente contrastante, de rabia,
odio, confrontación.

 

* Las consideraciones expresadas en estos textos de crítica artística, son a título personal del analista invitado y no reflejan la opinión de la institución.46805480881_b377b85369_o 46805482131_cb0bb351ae_o