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27
Ene

La Gusana Ciega, su retorno al Festival

La Guusana Ciega - copia
Carlos Sánchez

Saben a sutileza. A veces. Los acordes en armonía. En ocasiones el ritmo se altera. Truena la batería. Se levanta la voz.

La Gusana Ciega, la empresa musical que ejerce el rock, es el móvil para el punto de encuentro. En La Alameda, en el marco del Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT), en su trigésima tercera edición. La raza se congrega. Canta y brinca. Bebe y se emociona.

Dice Daniel Gutiérrez (el vocalista, quien se manifiesta pulcro en su físico, de vestimenta elegante, la corbata como un compás de formalidad y diferencia de clase social), que en 2013 se presentaron en el FAOT, que en Álamos tuvo una novia. A ella le dedica una canción que le escribieron. La interpretan. No obstante que no saben dónde quedó esa muchacha que cuando era su novia le explicaba cómo debía tratarla.

El discurso que Daniel propone, a intervalos de su canto, es de halago para los presentes. Dice, por ejemplo, que agradece la existencia del Facebook, que por ese medio pueden estar en contacto, leer los comentarios de sus seguidores, pero nada como estar aquí, en vivo y en directo con la raza.

Esta es la propuesta de comunicación. Los temas. No obstante, más allá de su elocuencia y el puente obligado, como un cartabón, que ejercitan en todos los conciertos, las canciones son un remo en el interior de un lago que es la noche.

Truena sutil la banda. Una tras otra. La exploración de ritmos sin abandonar el estilo que les caracteriza y el cual los ha puesto en los cuernos de la luna. Porque hoy como ayer, como aquella vez que el FAOT los albergó en el estadio de béisbol, La Gusana Ciega recibe los cantos de los presentes, como una feliz coincidencia, la recepción de sus propuestas, el eco inolvidable que incita a seguir diciendo a través de la música.

La noche es como la continuación de una movie que ayer dejamos en pause. El reencuentro con la adrenalina, el impulso inconsciente del cuerpo, el movimiento que sorprende porque imposible es estar estático.

Con La Gusana Ciega parecería que está prohibido el silencio de los órganos que nos componen como humanos. Lo dice el señor del pelo chino, el de chaleco azul y que por chamba tiene manejar la consola, lo manifiesta debajo de esa lona como techo.La Guusana Ciega (2) - copia

Lo vemos en el acelere físico, el movimiento constante, que le brota desde el interior como una consecuencia de las notas que consume. Se mueve y un rictus de felicidad le abraza por donde quiera que se le vea. Esto es así, la música: argumento para la felicidad.

Qué bonita se mira La Alameda, cuán precioso resulta improvisar, la familia, la comunicación tácita, la armonía de la raza que se agrupa bajo una misma premisa: escuchar a La Gusana. Porque ahora hay vida, porque estamos en el Festival.