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27
Ene

La UNISON y su noche

Noche de la Universidad (3)
Juan Arturo Brennan

Y en el séptimo día, el FAOT no descansó. A mediodía, en el Templo de la Purísima Concepción, se presentó un buen recital de canto y piano, protagonizado por la soprano Flor Herrera. Con obras de Alemania, Austria, España, Italia, España, Francia y México, la cantante armó una continuidad musical atractiva y variada, y procedió a cantar todo ese repertorio (Mozart, Schubert, Strauss, Puccini, Rodrigo, Obradors, Poulenc, Del Moral…) con mucho profesionalismo, voz rica en matices dinámicos y de color y una técnica sólidamente anclada. Le secundó al piano Teresa Rodríguez, reconocida experta en asuntos de acompañamiento, preparación y asesoría vocal, ensayo de óperas y asuntos similares y conexos. Gracias a esa experiencia y a los cuidados particulares asumidos por la pianista ayer por la tarde en el Templo, quedó demostrado que un recital a voz y piano es perfectamente factible en ese complicado espacio acústico, si las intérpretes entienden las características del entorno y las aprovechan de manera adecuada.

Y la noche fue de la UNISON. ENoche de la Universidad (2) - copia l Palacio Municipal recibió a tres jóvenes cantantes de la Universidad de Sonora (y al pianista Héctor Acosta) para su noche de gala, en mi opinión uno de los recitales más interesantes de cada edición del FAOT por lo que representa como oportunidad de escuchar y ver a talentos en potencia, y calibrar su progreso cuando ya se han presentado antes en el marco del festival. Tocó el turno en esta ocasión a dos sopranos, Vianey Lagarda y Marcela Ung, y al barítono Luis Castillo, quienes armaron un programa simétricamente distribuido: una primera parte de ópera de diverso estilo, y una segunda parte formada por zarzuela, tango y canción mexicana. Como suele ocurrir en las Noches de la UNISON, fue posible percibir tanto las áreas del canto en las que los jóvenes universitarios se sienten más cómodos, como aquellas en las que falta cimentar, pulir, y refinar. Por ejemplo, en el número inaugural de la noche, el hermoso terceto Soave sia il vento del Così fan tutte de Mozart, la proyección vocal de las sopranos dejó la voz del barítono en un lejano segundo término; cuestión de adquirir experiencia en los asuntos primordiales de balance y equilibrio. También fue posible apreciar las preferencias y aptitudes particulares de cada uno de ellos a lo largo del recital. Así, a pesar de su gusto por Wagner, el barítono Luis Castillo se sintió rígido y constreñido en un aria de Tannhäuser, pero se le vio mucho más suelto y más actor en los dos duetos de Donizetti (de El elíxir de amor y Don Pasquale) que le tocó cantar. De manera análoga, la soprano Marcela Ung se mostró todavía más concentrada en los asuntos puramente musicales y más tímida en la parte actoral del canto operístico; ella misma afirmó más tarde que es un área en la que le falta profundizar y trabajar más.

En la segunda parte del programa, lo más meritorio fue probablemente el dueto de la zarzuela El caserío, del vasco Jesús Guridi, que cantaron Vianey Lagarda y Luis Castillo. Buen ensamble, buen balance entre las voces, presencia escénica creíble, fueron las cualidades de esta interpretación conjunta. En la breve sección del programa dedicada a tres canciones de grandes tangueros (Cobián, Piazzolla, Ziegler) fue claro que los jóvenes cantantes de la UNISON todavía están anclados firmemente en los preceptos operísticos. Mientras que Luis Castillo se aproximó un poco a una expresión vocal de corte más vernáculo, más propia del tango, las dos sopranos optaron por cantar sus respectivos tangos más como arias de ópera, lo que les quitó buena parte de su esencia arrabalera; detalle importante, sin duda, que de seguro será asumido y corregido con el paso del tiempo.