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27
Ene

Lila Downs hace, en el FAOT, una exploración musical de México

Samantha Leyva / Juan José Flores Nava

Álamos, Sonora, 27 de enero de 2018.– Con determinación, ella le canta a la libertad, recuerda las injusticias, enaltece a las mujeres, celebra el mezcal y no le saca la vuelta a la muerte. Es atrevida. Es Lila, Lila Downs. Su canto llegó a Álamos. Y hoy, un día después de haberse oído, aún quedan los ecos de su voz.

FAOT 2018 Lila Downs (1)

Y no sólo por sus reivindicaciones políticas sobre el escenario: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, grita, exige en algún momento; tampoco son sólo sus dedicatorias: “Dedicada a todas las compañeras y hermanos periodistas en la línea de fuego”, y entona “Humito de copal”, de su disco Balas y chocolate; el eco de Lila Downs permanece por la exploración que hace del mundo musical de nuestro país, por sus pasajes de la cultura mixteca, por los sonidos, el baile y los colores de los pueblos originarios, por exhibir y hablar de la historia del lugar al que pertenece.

Así es como le canta –tal como lo hizo la noche del viernes en el Festival Alfonso Ortiz Tirado– al “Mezcalito”: “De pechuga mezcalito/ Mezcalito de maguey/ Pa todo mal mezcalito/ Y para todo bien también”; al Benemérito de las Américas en su “Son de Juárez”: “El respeto al derecho ajeno es la paz/ En México tenemos orgullo de amar/ La tierra fecunda/ El cordón umbilical/ El respeto al derecho ajeno es la paz…”; y a la muerte misma, con la letra del maestro potosino Asención Aguilar Galván: “Viene la muerte echando rasero/ Se lleva al joven, también al viejo/ La muerte viene echando parejo/ No se le escapa ni un pasajero/ Mueren obispos, mueren profetas/ Mueren vicarios y confesores/ Ya no los curan ni los doctores/ Ya no les valen las ampolletas/ Mueren cantantes, mueren poetas/ Se muere el rico y el jornalero/ También se lleva al talabartero/ Y al carpintero con más ventaja/ Porque hasta él mismo se hace su caja”.

Ana Lila Downs Sánchez, nacida en el emblemático año de 1968 en la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, Oaxaca, lleva en su sangre el mestizaje. Hija de una reconocida cantante mixteca y de un profesor británico-americano de Minnesota, está orgullosa de sus raíces mexicanas, y con ímpetu, furor y compromiso se encarga de plasmar ese orgullo en su música, en su forma de interpretar, de tomar el escenario y hacerlo suyo. En su alegría. Su patria es parte de su esencia: “Nadie es perfecto”, diría anoche al recordar su vena estadounidense.

FAOT 2018 Lila Downs (5)

De largo cabello negro y piel morena; de rico intelecto (es antropóloga de profesión) y una belleza atrevida, extrovertida, Lila Downs es una mujer hermosa, llena de flores: flores en su mirada, flores en su sonrisa, flores en su trato al público, flores en las manos con las que saluda a la gente, a su gente. Flores en los bailables del grupo de danza Tradición Mestiza, de la Universidad de Sonora. Flores, también, cubriendo de arriba a abajo el pie del micrófono desde el que canta hoy, flores hermosas bordadas por manos yaquis.

Su sensibilidad ha quedado de manifiesto en cada una de sus producciones discográficas, desde su disco debut, Ofrenda, en 1994, hasta su más reciente grabación: Salón, lágrimas y deseo (RCA, 2017). “Cada disco”, dijo ayer en rueda de prensa, “me ha empujado a hacer una investigación”. Y en su más reciente volumen, el noveno, combina estas dos cualidades: sensibilidad e investigación: un viaje desde el siglo XIX al XX.

FAOT 2018 Lila Downs (4)

Antes de irse, anoche, Lila deja escapar el perfume de aquellos ayeres: “Si tienes un hondo pesar/ Piensa en mí/ Si tienes ganas de llorar/ Piensa en mí/ Ya ves que venero/ Tu imagen divina/ Tu párvula boca/ Que siendo tan niña/ Me enseñó a pecar”; y después, claro, convoca al gran, al eterno José Alfredo Jiménez: “… Si quieren saber/ De tu pasado/ Es preciso decir una mentira/ Dí que vienes de allá/ De un mundo raro/ Que no sabes llorar/ Que no entiendes de amor/ Y que nunca has amado”.

Ha pasado poquito más de una hora de concierto. Lila y sus músicos se retiran. Pero la gente la llama, le grita, le exige que vuelva. Dos minutos de pedir otra, otra, otra la hacen volver. Lila Downs regresa y, como una ofrenda a Álamos, otorga tres piezas más. La última es, acaso, una forma de conectar el fuego imponente de las montañas de la Sierra Madre Occidental con la natural e imponente nobleza de la Sierra del Sur Madre del sur: “Cuentan que en Oaxaca/ Se toma el mezcal con café/ Dicen que la hierba/ Le cura la mala fé/ A mi me gusta el mole/ Mi Soledad me va a moler/ Mi querida Soledad/ Me va a guisar un molito/ Por el cielo de Monte Albán/ De noche sueño contigo”.