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16
Ene

Los frutos

Abisai Valmen

A lo largo de la vida, el ser humano se jacta de las victorias obtenidas y vive de las glorias pasadas, dejando atrás aquel paso lento pero firme que marca la línea entre lo verdaderamente eterno y lo etéreo. Camina vagamente sin ningún deseo de trascender o fructificar, hasta que llega el momento del quiebre donde tiene que mostrar, a manera obligatoria, su formulación y conocimientos adquiridos a lo largo de su vida.

Como es de esperarse, la mayoría de las veces no estamos preparados para afrontar la realidad abrumadora; en vez de eso nos escondemos y oramos para que todo salga bien transfiriendo a un ser supremo todas las cargas, pensando infantilmente que las consecuencias de lo que hicimos en un pasado se borrarán como por arte de magia y la verdad es que no es así. El pasado y sus aliados te atrapan, cobrando sus deudas y para conocimiento del público… todo se paga en vida. Entonces, ¿de qué estamos hechos? ¿Cuánto hemos aprendido a lo largo de esta vida? ¿Por qué clase de frutos seremos conocidos? La verdad en la que deberíamos de creer es en la que no podemos ver, es una realidad donde todo es milagro, una verdad en donde somos iluminados por el fuego eterno y atravesados por la espada triunfal en un arrebato de luz celestial. He aquí la verdad de este fuego del cual nacen los nueve frutos (amor, paz, bondad, paciencia, fe, benignidad, mansedumbre, gozo, templanza), frutos para los cuales no existe la ley; frutos que nos llevarán a la verdad absoluta, frutos que nos harán llegar al cielo purificados de todo mal.