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28
Ene

Orquesta Juvenil Sinfónica de Sonora en el FAOT 2020

Dr. Jesús David Camalich Landavazo

Cada vez que en cualquier festival se presentan orquestas, la emoción es grande, esperando que alguna de las grandes obras sinfónicas sea interpretada. Cada especie de orquesta, desde las infantiles, juveniles, académicas, hasta las profesionales, presentan particularidades que hacen al público gozar de la música tanto por “cómo lo hacen y por quién lo hace”. Estas dos preguntas cobran relevancia al presenciar la octava gala de la tarde del Palacio Municipal de Álamos, Sonora, a cargo de la Orquesta Juvenil Sinfónica de Sonora (OJUSSON) bajo la dirección de la maestra Ilución Hernández, en el marco de la 36ª edición del Festival Internacional Alfonso Ortiz Tirado 2020.

La OJUSSON, creada hacia finales de la década de los 80’s del siglo pasado, es el antecedente sinfónico de la hoy Orquesta Filarmónica de Sonora (OFS). Varios de aquellos niños y jóvenes que vieron en la OJUSSON una actividad interesante, atrayente y enriquecedora, son ahora miembros de la OFS como su actividad profesional. Al formarse la OFS en 2003, la OJUSSON pasó a ser este semillero de jóvenes que ven en la música una forma de vida, así como una manera de aprender grandes valores a través del proceso de culturización que la música ofrece. Desde septiembre de 2019, la OJUSSON está bajo la batuta de la maestra Ilución Hernández.

Su dotación actual es cinco violines I, cinco violines II, tres violas, siete violonchelos, un contrabajo, piano, tres flautas transversas, no tiene oboe, tres clarinetes, dos saxofones, un fagot, un corno francés, dos trompetas, tres trombones y cuatro músicos a cargo de una amplia sección de percusiones. En estos últimos meses, la OJUSSON casi se duplicó en integrantes, teniendo actualmente 41 miembros. Presenciar a jóvenes entre los 13 y 24 años, dedicados a otras actividades; todos ellos estudiantes desde la escuela primaria hasta la universidad, dedican una parte de su tiempo a desarrollar sus habilidades musicales en la OJUSSON. Hay que destacar que ninguno de ellos es formalmente estudiante de música, pero que han logrado un dominio del instrumento que es lo que mostraron en este concierto.

Esta crítica estará enfocada a lo que estos jóvenes han logrado en el tiempo que llevan trabajando juntos; jóvenes estudiantes que como hobby van a la orquesta; jóvenes con diferentes grados de desarrollo técnico, afinación y trabajan en lograr el conjunto orquestal, así como seguir a su directora; jóvenes con diferentes intereses, pero que comparten el gusto por la música y el pertenecer a un grupo orquestal. Aquí es cuando toma relevancia las dos preguntas establecidas en el inicio de este comentario: cómo lo hacen y quién lo hace.

Ojuson (4)

El programa estuvo formado por tres partes: orquestal, solista y vocal. Me referiré a esos momentos interesantes en cada una de las partes del concierto.

En la parte orquestal, se destaca el arreglo del Himno a la alegría tema de la Sinfonía No. 9 de Beethoven. La afinación, el ensamble, la entonación, es decir, la afinación interna entre las diferentes secciones de la orquesta y después en todo el conjunto, estuvo muy adecuada. El Vals No. 2 de Shostakovich estuvo bien interpretado. Destacan, por su ejecución y afinación, los flautistas solistas en las Czardas de Monti, con arreglo del asistente del principal de los violonchelos, Alfredo Pompa, así como el trompetista solista quien, desde su lugar en la sección de metales, hizo su mejor esfuerzo en el tercer movimiento del Concierto para trompeta y orquesta de Haydn. Otra obra que cobró relevancia es el Tango & Cha Cha de Bellwood donde el tema principal de la pieza fue pasando de una sección a otra, donde un solista de cada sección se levantó de su silla y desde su lugar ejecutó dicho tema. El orden es el siguiente: concertino (prime violín), percusiones, trombón, clarinete, saxofón y trompeta. Resalta el lugar que la directora le da a cada solista, así como pedir el aplauso del público después de la ejecución de cada uno de ellos.

En la segunda parte del programa, que definiré como solista, el pianista Juan Alberto González interpretó dos obras: la Toccata y Fuga en Re Menor de Bach y el famoso Sueño de amor No. 3 de Liszt. En la primera, era una combinación entre piano y orquesta, donde no quedó claro las partes de solista y las orquestales, o si el piano era realmente solista o parte de la orquesta. En la segunda, para piano solo, Juan Alberto muestra su grado de dominio del instrumento logrado hasta este momento de su vida, a sus escasos 16 años, con una decorosa interpretación de esta conocida obra de Liszt.

La tercera parte, denominada como vocal, la OJUSSON acompaña a tres cantantes sonorenses: la soprano Saraí Armenta, la soprano Zita Contreras y el tenor Ignacio Búrquez. Conocemos la calidad interpretativa y vocal de estos valores sonorenses, con una muy buena participación en este concierto. Me referiré a lo que la orquesta hizo: acompañar cantantes es un gran reto para cualquier orquesta, ya que no es una actividad común en el repertorio sinfónico. Acompañar ópera es todavía más complicado, ya que hay constantemente aspectos en la respiración, fraseo, silencios, notas tenidas, etc. La OJUSSON realizó un decoroso acompañamiento de las seis piezas donde participaron los cantantes. Poder dominar y ensamblar la “Habanera” de la ópera Carmen de Bizet, el aria “Der Hölle Rache” de la reina de la noche de la ópera La flauta mágica de Mozart, es ya un logro. Por supuesto que la ejecución fue al “estilo sinfónico”, dentro del pulso estable de la música, pero quitando todas las flexibilidades que van dentro de las seis piezas vocales.

Para cerrar el concierto, la OJUSSON bajo la batuta de la maestra Ilución Hernández, ofrecieron una decorosa interpretación del Danzón No. 2 de Arturo Márquez. Los músicos lograron ensamblar la obra, en sus ocho secciones que la componen, con cambios de tempo y las complejidades que esta obra posee. Creemos que la orquesta lo decidió más como reto interpretativo y de ensamblaje. Sabemos que esta obra requiere de mucha maduración; es precisamente parte del proceso del repertorio: tocarlo públicamente cuanto sea posible; cada vez la orquesta lo madurará y la interpretación será mejor que la vez anterior.

Le deseamos a la OJUSSON y a su directora un interesante y provechoso proceso. Esperamos que algunos de estos jóvenes puedas, en el futuro, pertenecer a una orquesta profesional ya sea en el estado de Sonora o el algún otro lugar de nuestra república mexicana.