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18
Ene

Paola Gutiérrez

Juan Arturo Brennan

En el año 2019, en la edición 35 del FAOT, la destacada mezzosoprano hermosillense Paola Gutiérrez Candia tuvo a su cargo uno de los recitales de mediodía en el Palacio Municipal de Álamos. La calidad de ese concierto fue tal que parecía predecir que tarde o temprano Paola Gutiérrez debía ser protagonista de una de las galas nocturnas del FAOT. Venturosamente, y por méritos propios, fue temprano, y la cantante sonorense fue la encargada de protagonizar, ni más ni menos, la gala inaugural del 36 FAOT en este 2020. De manera análoga a su presentación en el 2019, Paola Gutiérrez cimentó su programa inaugural en arias de ópera barroca, que es su especialidad, a través de una serie de composiciones de los dos máximos representantes de ese género en aquella época: Vivaldi y Händel. Para este programa, ciertamente insólito en el contexto de las galas del FAOT, la mezzosoprano originaria de Hermosillo estuvo acompañada por el Ensamble Navío, un trío instrumental de muy buen nivel formado por destacados especialistas: Roberto Rivadeneyra en el violín barroco, Carla Alejandra Torres Meza en el contrabajo (a guisa del violone barroco) y Daniel Ortega en el teclado… que por desgracia fue electrónico.  Además de las arias operísticas, el recital incluyó sendas sonatas instrumentales de Händel y Vivaldi, muy a la usanza de este tipo de programas.  Con esta parca dotación, la velada fue territorio propicio para explorar una veta más diáfana e íntima del barroco, en contraste con el esplendor usual de estas expresiones musicales antiguas. A lo largo de un recital que dio evidencia de haber sido bien pensado y preparado, la cantante y los instrumentistas hicieron un buen trabajo de improvisación y ornamentación, en el mejor espíritu barroco, siempre con conocimiento de causa. Además de sus indudables cualidades vocales, Paola Gutiérrez volvió a demostrar que también domina el difícil arte de la caracterización, ya que transitó hábilmente por la expresión dramática de arias amorosas alternativamente nostálgicas, esperanzadas y rabiosas (parece ser que éste último rubro es el que más le atrae actoralmente), así como en un par de arias de orientación bélica. El repertorio de arias de Händel y Vivaldi elegido le permitió a la cantante hacer gala de un registro homogéneo en toda su extensión, luciendo en ocasiones una región grave particularmente rica. De especial atractivo, también, su actitud interpretativa bien calibrada en la interpretación de algunos roles masculinos que en el siglo XVIII fueron interpretados por castrati. Fuera de programa, Paola Gutiérrez y sus tres hábiles colaboradores ofrecieron una breve y aguerrida aria de la ópera Moctezuma de Vivaldi, una obra con la que la cantante sonorense ha estado involucrada de manera particular en tiempos recientes. En suma, un recital inaugural de muy buen nivel, en el que se puso de manifiesto, por una parte, el progreso profesional de Paola Gutiérrez a lo largo de un año y, por el otro, lo acertado de la decisión de hacerla protagonizar este recital. Después, de su concierto, la mezzosoprano afirmó estar particularmente contenta de haber ofrecido un repertorio que es poco usual no sólo en el contexto del FAOT sino en el país entero, como una forma de acercar al público interesado en la música vocal a otros estilos y otros repertorios más allá de los usuales. Loable intención, y bien lograda en el escenario; sin embargo, el Palacio Municipal no se llenó del todo para la gala inaugural, hecho que indica que el público todavía no está cabalmente dispuesto a arriesgarse con este tipo de experiencias musicales que, venturosamente, evaden el lugar común. Justo es mencionar también que, tratándose de un ensamble de pequeñas dimensiones y con necesidades técnicas muy puntuales, la calidad de la amplificación fue mejor de lo que ha sido en ciertos eventos en ediciones anteriores del FAOT.

Paola Gutiérrez (2)