Noticias FAOT

Entérate de todo
20
Ene

Romayne Wheeler … búsqueda de la armonía entre el hombre y su entorno.

Romayne Wheeler

Por Dr. Jesús David Camalich Landavazo

Las tardes de gala del Palacio Municipal de Álamos, al igual que en los dos años anteriores,
ofrecen programas de canto lírico junto con recitales instrumentales o de música de
cámara. Por esta situación, el primer día tuvimos a un cuarteto de cuerdas (Stars Aligned
Siblings) y hoy, como tercer día de actividades de la 36ª edición del Festival Internacional
Alfonso Ortiz Tirado 2020, el concierto de piano estaría a cargo por “el pianista de la Sierra
Rarámuri”. Nos referimos al maestro Romayne Wheeler, originario de Santa Helena,
California, USA, pero que lleva 28 años viviendo en el ejido Munérachi, municipio de
Batopilas, dentro de la sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, México. Su estudio
se encuentra al filo de un barranco a 1800 metros arriba del río Munerachi, rodeado de
siete cordilleras que se extienden hasta el infinito, lo que sería el jardín de su casa. Antes
de tener su estudio, su casa se ubicó al interior de una cueva, en ese mismo barranco.
El programa de mano anunciaba un concierto denominado Música Luminosa. Se
interpretarían obras de Mozart, Bach-Gounod, Schubert-Liszt, Chopin y del propio
maestro Wheeler. Asimismo, a cada pieza o movimiento, se agregaba la emotividad
espiritual que dicha pieza o movimiento despertó en el intérprete y que es transmitido al
público que asistió a dicho recital.
Nos percatamos de que este era un concierto diferente; los asistentes recibirían mucho
más que un conjunto de piezas musicales; se estaba ante un concierto que iba mucho más
lejos que la sola ejecución e interpretación al instrumento; se estaba ante un concierto
que invitaba a una reflexión espiritual profunda, que motivaba un reencuentro con el ser
humano espiritual y esa búsqueda de la armonía interna del espíritu con su entorno, en su
más amplia acepción.
Por ello, este concierto no puede ser comentado bajo los elementos puramente técnicos y
artísticos de la ejecución pianística, que el crítico musical utiliza en sus escritos; estamos
ante un pianista cuya actividad profesional va enmarcada en aspectos de espiritualidad
humana que sobrepasan a la acción interpretativa del pianista concertista que se presenta
en un foro, para ofrecer un recital de piano.
Trataré de explicarlo con lo que considero su momento cumbre del concierto, la razón de
ser del mismo y sintetiza la premisa de la actividad profesional y altruista del maestro
Wheeler: la interpretación de la Polonesa Heróica, Op. 53 de Chopin, etiquetada como
“Marcha triunfal”. La historia de la música nos habla de que las polonesas de Chopin
fueron compuestas como una forma de despertar en el pueblo polaco este sentimiento de
libertad, de patriotismo, de luchar contra la opresión rusa que forzó la salida de Chopin de
Polonia, estableciendo su residencia en Francia. La interpretación del maestro Wheeler

motivó la lucha interna del hombre, en lo más profundo de su espíritu, de descubrir y
arrancarse aquellos sentimientos que dañan, ensucian y manchan al espíritu humano,
llevándolo a esa cárcel donde es muy complicado salir, que lo aparta de esa armonía que
debe de existir entre el espíritu humano y su entorno, creando un respeto por todo
aquello que lo rodea, que lo ayuda a descubrir el alma de las cosas; a respetar y proteger
esa misma alma, convirtiendo al hombre en ese ser pleno en todos los aspectos de la vida,
donde la felicidad está en reconocer, proteger y gozar de los elementos espirituales del
entorno en que nos encontramos y no de las “necesidades” materiales que los tiempos
modernos atrapan al ser humano.
Es en este contexto, que la segunda parte del programa adquiere relevancia al evento: el
pianista interpreta nueve obras de su autoría, basados en diversas situaciones, elementos,
música y espiritualidad de los rarámuris, donde estos momentos fueron inspiración para
dichas composiciones. Estas piezas son eminentemente descriptivas de la espiritualidad
de dichos momentos. Destaco dos de ellas, que, en opinión del autor de estas letras,
fueron momentos cumbre, no por la complejidad técnica, sino por la belleza espiritual que
dichas piezas despertaron en mi espíritu: Cajita de cumpleaños (emulando las cajitas de
música) y la Danza Rarámuri del venado.
En síntesis, estamos ante un pianista que ofrece la oportunidad de buscar esa armonía
entre el espíritu humano y su entorno … es reconocer que todo objeto, vivo o inerte tiene
alma; descubrir que el alma está en una flor, un río, esa piedra del camino, ese inmenso
barranco de la sierra … la música es el establecer esa comunicación entre el alma humana
y el alma de las cosas … acción que permite al ser humano lograr la felicidad y plenitud del
alma.